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[
Traje
de Jarocha ] [ Traje
Típico del Huapango ]

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El
traje de jarocha se remonta a la historia de los pobladores de la
cuenca del Papaloapan; elegante y bello suscita comentarios de
admiración siempre que aparece; puede afirmarse que ningún otro es
llevado tan a gusto por las mujeres veracruzanas cuando llega la
ocasión. De origen español, este hermoso atuendo evolucionó con
el tiempo y se fueron, poco a poco, sustituyendo las telas obscuras
y pesadas, del traje español, por otras ligeras y frescas como el
organdí, la muselina y el algodón. Así poco a poco se hicieron
modificaciones y cambios acorde al clima, a la vida ribereña y marítima
y se torna en hermosa vestimenta tropical. En el siglo XVIII, la
forma de vestir del campesino era muy sencilla, sin encajes ni
vuelos. Al triunfar la Independencia, se produce un importante
cambio social y económico en todo el país; es época de esplendor
económico en Tlacotalpan. Comienzan a aparecer en los trajes,
olanes y encajes puestos en profusión barroca.
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Ya
en el siglo XIX Don José María Esteva, poeta criollo nacido en
Veracruz, es uno de los primeros que usa el término
"jarocha" para describir a la linda muchacha que vive en
la costa y baila los sones de tierra caliente en tarima portando con
gracia este traje que en ocasiones se elabora en tonos color pastel:
rosa, azul, amarillo y verde pálidos, pero que generalmente vemos
en color blanco. La jarocha también lleva un rebozo de seda que
combina en color, con el listón que adorna su cabello trenzado,
alrededor de la cabeza, sobre la oreja prende con gracia y coquetería
un ramillete de rosas naturales, colocadas de acuerdo al estado
civil de la portadora: del lado izquierdo, si es soltera, y del
derecho si es casada; y como toque de elegancia, encajado en el
cabello el peinetón o cachirulo de carey. Adornado con filigrana de
oro y perlas. Este elegante vestido va aderezado con alhajas, que
como tradición, pasan de una generación a otra: aretes largos,
camafeos, cadenas de oro, guardapelo, corales; y entre sus manos
inquieto, como pájaro que desea volar, el abanico que se mueve al
son que le quieran tocar.
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Así
las jarochas vestidas con gran elegancia aparecen con su gracia
innata, con su alegría sonrientes bulliciosas y bailadoras,
portando el precioso vestido que con orgullo muestran en las fiestas
y fandangos, que como espuma de mar rematando las olas se moverán
al son del arpa, la jarana y el requinto.
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