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[
Son
Huasteco ] [ Danzón
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Sobre
el año 1791 se gestó en Haití una revolución de esclavos de los
centros azucareros contra los mayorales y patrones franceses que los
explotaban y vejaban. Muchos de éstos emigraron hacia Cuba, entrando por
la provincia de Oriente y llevaron consigo idioma, costumbres y
manifestaciones artísticas.
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Una
de ellas la contradanza (country dance) inglesa -adoptada en Francia en el
siglo XVII con el mismo nombre, y modificada después en
<<cuadrilla>>- se hizo presente en Cuba junto con el minuet,
el rigodón, los lanceros y otros bailes del mismo origen que por cierto,
no eran fácilmente asimilables en la práctica popular, pues se hacía
necesario contratar maestros especializados para la enseñanza y ensayos
previos a la fecha en que estos bailes se ejecutaran, naturalmente con
acompañamiento de orquesta de cuerdas con flauta travesera, al estilo
francés.
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[ Su
origen Cubano ]
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Con
el paso del tiempo, y casi un siglo después, la contradanza arraigó
definitivamente en Cuba, aunque ya con características locales.
Y se atribuye a don Manuel Saumeill él haber conformado la contradanza
cubana a través de una de sus más deliciosas composiciones en ese género:
<<Los ojos de Pepa>>.
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En
1879, un célebre músico de Matanzas, Miguel Flayde, con los elementos de
la contradanza cubana en boga, dio forma definida a lo que bautizó como
danzón, escribiendo el primero bajo el título de <<Las alturas de
Simpson>>, con referencia a un barrio (Simpson) de su ciudad natal.
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Para
entonces, la orquesta fue adquiriendo también su propio carácter local,
con mayor tendencia hacia lo popular, integrándose con piano, cuatro
violines, una flauta, un contrabajo, un timbalito y un guayo (güiro),
independientemente de la charanga que también se denominó Danzonera Típica
Cubana, integrada con clarinete, trompeta, trombón, bombardino, dos
timbales y güiro, a la que muy pronto se incorporaron los violines y el
contrabajo.
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La
estructura musical del danzón es una especie de rondó que se desarrolla
bajo el esquema AB-AC-AD-AF, es decir, (A) introducción que después se
torna en escribillo, (B) desarrollo del primer tema, (A) estribillo, (C)
desarrollo del segundo tema, (A) estribillo, (D) ocasionalmente,
desarrollo del tercer tema, (A) estribillo, poco acelerado al final que
resuelve en (F) <<montuno>> final, ligeramente más vivo. Como
en los temas B, C y D pueden acomodarse las melodías de canciones
populares de cualquier nacionalidad, trozos de ópera o de piezas muy
conocidas, el danzón adquiere una gran versatilidad que le permite ser fácil
y francamente aceptado en diferentes ámbitos.
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Es
un baile cadencioso, sencillo pero elegante en sus pasos, y tiene como
característica muy particular el que, de acuerdo con el medio ambiente
donde se practica, y por su prolongado desarrollo musical, durante cada
estribillo después del primer tema, descansan los bailadores abanicándose
la cara la mujer, secándose con el pañuelo el sudor de la frente el
hombre, galanteando entrambos mientras tanto.
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Se
conoce la simpática descripción, muy gráfica por cierto que hace un anónimo
bailador al decir que <<... para bailar, el hombre debe colocar el
brazo izquierdo en escuadra lateral sosteniendo la mano derecha de su
compañera, y luego, apoyar su propio meñique derecho extendido sobre la
cuarta vértebra (de abajo p'arriba) de su pareja>>.
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Resultaría
casi imposible cuantificar los danzones cubanos que han destacado dentro y
fuera de ese país, sin embargo, es <<Almendra>>, de Abelardo
Validez el más conocido y gustado. Y es curioso señalar que habiendo
sido Cuba la cuna del danzón, en los últimos tiempos tiende a
desaparecer, pues se interpreta muy esporádicamente.
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Entre
los conjuntos musicales cubanos que en nuestros días tocan el danzón con
mayor propiedad, sobresalen la Orquesta Aragón y la Orquesta de Rodrigo
Pratts.
[ El Danzón En
México ]
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En
los primeros años del presente siglo, el danzón llegó a México por
Veracruz y la península de Yucatán, junto con una maravillosa inmigración
de cubanos que salieron de su país precisamente por las convulsiones políticas
resultantes de su reciente independencia de España, la intervención de
los Estados Unidos de América y la instauración poco afortunada de su
primer régimen constitucional.
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La
música popular de las costas del Golfo de México -particularmente la de
Veracruz- muy pronto se vio enriquecida con el danzón, y no fueron pocos
los compositores, músicos y bailadores que se asimilaron a tan agradable
género tropical, mismo que arraigo definitivamente conservando los
elementos originales de estructura y ritmo -con su típico
<<cinquillo>> pero adquiriendo, a su vez, características
locales.
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La
danzonera aumento paulatinamente su dotación instrumental incorporando,
en la sección de maderas: saxofones altos, saxofones tenores y, en forma
muy destacada, el saxofón barítono, sin menoscabo de emplear,
ocasionalmente, el sax soprano; en los metales, se aumenta el número de
trompetas y trombones y se sustituye el bombardino por el fingle,
actualmente en desuso. Persisten violines y el contrabajo, asimismo, las
percusiones básicas de los timbales y el güiro que se complementan de
ordinario con claves.
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Hasta
la fecha, en el puerto de Veracruz goza de gran fama el barrio de
<<La Guaca>>, sobre la intersección de las calles de Manuel
Doblado y 1° de Mayo, donde los jarochos bailan el danzón con mayor
propiedad, hasta en la vía pública durante el Carnaval, y de continuo,
en el aledaño -y no menos famoso- salón de fiestas del Sindicato de
Estibadores, sin menoscabo de las exhibiciones semanales que hacen los
bailadores en la Plaza de las Armas acompañados por la Banda Muncipal de
Música.
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Pero
siguiendo la trayectoria del danzón hacia el interior del país, luego de
haber arraigado sólidamente en las costas del Golfo, cabe señalar que el
20 de abril de 1920 se inaugura en la capital - en el edificio de la
antigua panadería de <<Los Gallos>> acondicionando ex
profeso- sobre la calle Pensador Mexicano, lo que sería el templo del
baile popular y el palacio de la música tropical por antonomasia... el
tradicional y legendario Salón México -entre las 7 de la noche y el
amanecer del día siguiente- de preferencia por animosa clientela
populachera auténtica de <<rompe y rasga>>, que imprimió al
sitio un vibrante y peculiar ambiente muy recordado hasta ahora por
quienes tuvieron oportunidad de conocerlo y en dónde, se mantuvo en lugar
preponderante.
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Son
innumerables los acontecimientos, anécdotas y leyendas surgidas en el ámbito
de este salón, y bien podría hacerse una compilación sería por cuanto
a su contribución en el folclore urbano. Amador Pérez Torres
<<Dimas>>, compositor oaxaqueño del clásico danzón
<<Nereidas>> y reconocido director, retirado, de bandas de música
y danzoneras (por muchos años, precisamente en el Salón México), narra
<<.... había concursos de tango, de danzón, de paso-doble y hasta
de vals clásico>> <<...Ventura Miranda era el rey, el campeón
del danzón. Las mujeres consideran un gran honor que las tomara por
pareja. Y en las Navidades, se organizaba una auténtica posada, con María
y José seleccionados entre los clientes habituales, quienes llegaban en
burro con un niño rubio alquilado en el vecindario del 2 de Abril y
Pensador Mexicano>>.
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Algunos
parroquianos presénciales informan que <<...delimitaban la categoría
y condición de la clientela, tres espaciosos salones que eran conocidos,
respectivamente, como <<del sebo>>, <<de la
manteca>> y <<de la mantequilla>> este último -por
supuesto-, era el de mayor alcurnia dentro de la tónica general del
lugar...>> Y ha pasado al dominio público, aunque
<<Dimas>> asegura que era pura vacilada, el texto del irónico
letrero -colocado seguramente en el salón <<del sebo>>, que
advertía: <<Se suplica abstenerse de arrojar colillas encendidas en
el piso, para evitar que las señoritas se quemen los pies>>.
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Al
principio de los sesenta, el Salón México cerro por incosteabilidad ante
una disposición gubernamental de la ciudad que restringía el horario
para los centros de baile. Sin embargo, en nuestros días, son varios los
salones que funcionan -con el horario del reglamento manteniendo
relativamente la tradición, muy concurridos pero sin la inolvidable
característica, única del México, que en su momento, fue centro de
atracción y curiosidad de propios y extraños, visitado con frecuencia
por personajes famosos del medio artístico, político, deportivo y de la
alta sociedad.
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En
1936, el célebre compositor neoyorquino Aarón Coplan tomó el nombre de
este salón de baile e inspirado en su singular ambiente, escribió una de
sus más deliciosas y conocidas obras, precisamente <<Salón México>>
aunque, curiosamente, no utilizó el tema musical relacionado con el danzón
y sí el tema de una canción popular del Siglo XIX <<El
mosquito>>.
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Son
numerosos los directores de danzoneras y orquestas, compositores,
arreglistas y ejecutantes del género, los que han adquirido fama y
prestigio gracias a los salones populares de baile capitalinos y que, en
una u otra forma, han participado en el auge del danzón mexicano, cuya
ejecución también se escucha con frecuencia en bandas de música,
marimbas, mariachis y otros grupos no necesariamente tropicales. Pueden
mencionarse sobresalientes con riesgo de omitir injusta pero
involuntariamente a algunos, entre los de origen cubano: Consejo Valiente
<<Acerina>>, Mariano Mercerón y Arturo Núñez. Y asimismo
entre los mexicanos ocupan relevante lugar: Fajardo, el yucateco José
Gamboa Cevallos, el chiapaneco Rafael de Paz, Carlos Campos con su muy
particular estilo; Everardo y Juan Córdoba, Agustín Pasos, Marciano
Pacheco, José Bojórquez, Macario Luna y tantos más cuya relación
resultaría, a la vez que difícil de completar, extraordinariamente
amplia.
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Entre
los danzones más conocidos pueden citarse: <<Nereidas>>
(Amador Pérez Torres <<Dimas>>), <<Pulque para
2>> (Gus Moreno), <<Mocambo>> (Emilio Renté),
<<Teléfono a larga distancia>> (Aniceto Díaz),
<<Paludismo agudo>> (Esteban Alfonzo), <<La
Negra>> (Gonzalo N. Bravo), <<Playa Suave>> (Ernesto Domínguez),
<<Acapulco>> (Gus Moreno), <<Salón México>> (Tomás
Ponce Reyes), <<Acayucan>> (Macario Luna) y <<Blanca
Estela>> (Emilio B. Rosado).
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